Suscribo el diálogo, suscribo la capacidad de conversar, suscribo la intención de ambas tendencias de sentarse en torno a la búsqueda del encuentro en lo diverso. Si en otros países del mundo, si en otros continentes y en sociedades con contextos políticos quizá más radicales que el nuestro han llegado a ese punto de encuentro que se fundamente en acordar con base a los puntos en los cuales hay coincidencia de criterios, deponer un poco y asumir un tanto más, es posible también que entre venezolanos se pueda lograr.
El diálogo, este diálogo, como todos los intentos anteriores, supone una inversión. Llamémosla inversión para no llamarla gasto, pero de cierto, se gasta y mucho. Toda la logística que la comisión encargada de organizar estas jornadas presupuesta tiene un costo real que nadie se ha preocupado en calcular y, a las luces de lo que se quiere, tampoco tendría por qué sacarse esa cuenta, pero, cuando se fracasa, entonces es cuando pesan esos números que bien pueden servir para atender necesidades realmente urgentes que padece la sociedad venezolana o la misma sociedad mexicana en el caso del anfitrión de turno.
En consecuencia, es preferible creer y apostar porque esta “inversión” recoja sus dividendos. Pero para que eso ocurra, deben suscribirse códigos muy, pero muy puntuales que deben cumplirse con amplia religiosidad, tanto en México, epicentro de las reuniones y más aún en Venezuela, que es el objetivo final.
Lo resumiré en puntos para que quede claro y fuera del bloque de texto que supone este humilde análisis:
1.- Gobierno y oposición deben reconocerse: El reconocimiento supone respeto. El respeto entre ambas partes y en hacer consciencia del rol que cada una tiene. El Gobierno debe reconocer que existe una oposición que además encarna un sentimiento, al menos de la mitad de la población, para tratar de ser equilibrados y ecuánimes, cónsonos con el objetivo del diálogo; y la oposición debe reconocer al Gobierno, estén de acuerdo o no, que es el Gobierno único y Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela y que no existe otro Gobierno, otro presidente y otras instituciones paralelas a las que ostentan y ejercen el poder político. Reconozcan que Nicolás Maduro es el único y legítimo Presidente de Venezuela y a partir de ahí establezcan las propuestas a que haya lugar.
2.- Respeto mutuo en toda circunstancia: Esto pasa por eliminar el lenguaje ofensivo. Si el objetivo de una mesa de dialogo es encontrar puntos en común –que los hay- lo primero que debe hacerse al reconocerse uno respecto al otro es respetarse y eso pasa por eliminar del discurso político y social términos de: Dictador, dictadura, régimen, escuálidos, apátridas, pitiyanquis, lacayos. Eso debe ser ley en el marco de este diálogo y en lo sucesivo en el avance concluyente de estas jornadas. Si no se firma este «pacto de no agresión» en todos los niveles de la política, se estará arando en el mar como en procesos anteriores. Eso involucra los programas de televisión, de radio, las publicaciones en medios electrónicos, los discursos en campañas políticas y todo cuanto conlleve el trato de un sector hacia el otro.
3.- Hay que ceder, en toda negociación, se pide y se ofrece: En esa búsqueda de ganar-ganar, siempre hay algo que sacrificar, siempre hay algo en lo cual ceder, dar el brazo a torcer y ello no significa debilidad sino acción en el reconocimiento del que tengo en frente en esta mesa de diálogo. Entonces, en aras de pacificar y reencontrar al país, en la buena lid de pensar primero en el bien común y colectivo antes que en el de individualidades, hay que ceder y saberlo hacer, siempre con inteligencia y con respeto, pensando ambas partes, en primer lugar, en el aspecto económico y en que existe la urgencia de mejorar los servicios públicos de nuestro país. Y ahí viene el cuarto y último punto.
4.- Priorizar la agenda: No hace falta ser un erudito ni un filósofo ni un doctor en Ciencias Políticas o un letrado sociólogo para darse cuenta cuáles son las prioridades en Venezuela y dónde le interesa al colectivo que versen las conversaciones: Antes que ponerse a dirimir liberar a los presos políticos y hablar de soberanía territorial, lo que debe primar es Alimentos, medicinas y servicios públicos; Electricidad, agua potable, transporte, recolección de desechos sólidos, servicios de salud óptimos, adecuados; educación como un sector de importancia capital, inversión urgente y necesaria en la Industria Petrolera para recabar las divisas suficientes que permitan desarrollar alternativas económicas y de desarrollo y todo eso debe hablarse con la más amplia pluralidad y sentido del interés común y no individual.
Si el diálogo se direcciona en ese sentido, bajo esa hoja de ruta, enmarcado lógicamente en los puntos que cada cual lleva a la mesa, donde repito, debe primar el interés nacional y social antes que los intereses meramente políticos y de ejercicio del poder, entonces habrá esperanza y se podría hablar de avances concretos. No se puede entrar a dialogar con la propuesta de unas elecciones generales fuera de las fechas que establece la ley, ni se puede entrar el diálogo pidiendo la rehabilitación de los partidos opositores inhabilitados y la libertad de los presos y el reconocimiento político del sector opositor y dejar para después lo que realmente la gente está esperando que es, repito y termino: alimentación, medicinas, electricidad, agua potable, transporte, recolección de desechos sólidos, salud, educación y después de todo eso, un tema de reajuste económico con salarios dignos y programas sociales dignos que mejoren sustancialmente el nivel de supervivencia en el cual todos los venezolanos están inmersos. Dicho de otro modo, por encima de cualquier petición que obedezca a los intereses políticos de ambas partes, debería primar el interés nacional que se resume en todos esos elementos que acabo de mencionar dos veces, servicios, alimento, educación, seguridad, programa de recuperación económica, integración de todos los sectores en esos programas, inclusión y participación activa de los gremios de profesionales y técnicos en la toma de decisiones, debería empezarse por ahí.
Ya hay unos puntos, céntrense en ellos
- Derechos políticos para todos.
- Garantías electorales.
- Un cronograma electoral para elecciones observables.
- El levantamiento de sanciones y la restauración de derecho a activos.
- El respeto al estado constitucional de Derecho.
- Una convivencia política y social.
- La renuncia a la violencia y una reparación de las víctimas de la violencia.
- La protección de la economía nacional y la protección social al pueblo.
- Fijar garantías de seguimiento y verificación de lo acordado en México.
Respetemos el diálogo y a sus interlocutores
Ayer se instaló oficialmente la mesa de diálogo con dos discursos bastantes centrados y equilibrados, respetuosos y sensatos por parte de los delegados jefes de ambas bancadas; Gerardo Blyde por la oposición y Jorge Rodríguez Gómez por el Gobierno Nacional.
Como periodista, pero, principalmente como ciudadano exijo que se respete el diálogo y a sus interlocutores. No se ha terminado de instalar la mesa, cuando ya Juan Guaidó salió al frente con la primera amenaza, mismo libreto que han repetido siempre y que ha sido la muerte de un recién nacido. A Juan Guaidó, a Nicolás Maduro, a Diosdado Cabello, a Mario Silva y a toda la militancia alta, media y baja del oficialismo y la oposición, reitero la exigencia en nombre del pueblo venezolano: Respeten el diálogo, dejen que las conversaciones sigan su curso, permitan la mediación de los países amigos, firmen aquí mismo en Venezuela, quienes han quedado aquí un pacto de no agresión, hasta que el diálogo comience a dar sus frutos, no lo entorpezcan ni lo condenan a muerte antes de nacer.
NAM/Ernesto Ríos Blanco
