Tanto da el cántaro al agua…, reza un dicho popular. Entre la urbanística desordenada y la ineficiencia de las autoridades en limpiar colectores, drenajes y canales, un torrencial aguacero convirtió algunas parroquias de La Gran Caracas en un caos –guardando las distancias- a nivel ‘tragedia de Vargas’ pues, enormes corrientes de agua inundaron hasta galpones buscando sus cauces naturales con la crecida de las quebradas y arrasando con todo.
Con la tecnología en la mano, con la cual poco se contaba años atrás, los habitantes de las parroquias Macarao y Coche lograron obtener imágenes sorprendentes de como calles, avenidas y hasta zonas residenciales se convirtieron en un voraz torrente de agua.
Varias han sido las pérdidas aun no cuantificadas. Carros quedaron sepultados bajo las aguas con lodo, animales y humanos quedaron atrapados en la corriente y todo esto en medio de una fuerte crisis económica y pandémica en un día Bicentenario donde no paró de llover.
NAM
