El paro de 48 horas convocado por la oposición venezolana se ha iniciado con violencia. Tres personas han muerto en los enfrentamientos entre los manifestantes y las fuerzas de seguridad: dos hombres jóvenes en Mérida, y un adolescente de 16 años en Petare, el barrio más peligroso de Caracas.
Son las últimas víctimas mortales durante la llamada ‘hora cero’, la estrategia de presión decretada por los opositores para provocar la salida del presidente Nicolás Maduro, que a su vez ha lanzado el órdago de convocar una nueva Asamblea Nacional Constituyente. El domingo, los venezolanos están convocados a las urnas para elegir a sus miembros. Mientras tanto, los ciudadanos se preparan para un escenario incierto.
Una señora de 60 años se acerca al estante de las velas. Suele estar lleno, pero lo único que encuentra son unos velones de los más caros. Los mete en el carrito junto a los seis paquetes de pasta importada, decenas de latas de atún, otras tantas de sardina, paquetes de granos variados y una cantidad enorme de verduras que ni por asomo consumirán en una semana ella y su esposo.
Va a ‘raspar’ hasta el límite la tarjeta de crédito, pero mejor estar prevenidos. Caracas se ha convertido en los últimos días en un ir y venir de colas. Y esta vez no (solo) por la compra de productos regulados.
La incertidumbre ha llenado los supermercados de gente que acude a hacer compras nerviosas. Es casi una tradición en el país, solo que esta vez, el contexto —y el bolsillo— es distinto.
Dicen que este fin de semana hay golpe»
En la sección de verdura es imposible ya comprar un tomate, ni siquiera uno feo o roto. Las patatas que quedan son pocas y con muchos huecos. No queda yuca. Y no hay fruta. Solo quedan cinco trozos de una sandía con trazas amarillentas y manzanas empaquetadas de a seis en bandejas de plástico —dos amarillas, dos verdes, dos rojas— a un precio nada tentador. Queda agua, pero se nota que bajó la cantidad.
En el estacionamiento de otro mercado, un día antes, festivo nacional, Mercedes Serfaty acomoda sus compras. “Voy a evitar tener que salir a buscar comida. He comprado lo que regularmente uso, pero sí más cantidad: más carne, más pollo… Esas cosas”. El maletero está lleno, pero asegura que no ha hecho compras nerviosas. “Sí he visto a mucha gente comprando enlatado o cosas para la luz”. Dice que no le molesta estar un festivo en el mercado, “podría estar en la playa tranquila, relajada, pero vine aqui.
A Sara Gelman le pasa igual, llena el maletero mientras dice que no le molesta el paro ni estar haciendo más compras de las necesarias. “Hay que acatarlo, porque queremos democracia, hay que aguantar la tranca, salir de manera pacífica, luchar por el país”.Una señora que prefiere no identificarse va cargada con enlatados.
El Confidencial
