jueves 4 de junio de 2026

¡EL PAPA ORÓ DESDE EL PISO! Padre Cantalamessa: «Dios es nuestro aliado, no del virus»

«Dios participa en nuestro dolor para vencerlo», y en medio de tanto sufrimiento causado por esta pandemia, «es aliado nuestro, no del virus». Así lo señaló el padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, durante la celebración de la Pasión del Señor, en la Basílica de San Pedro.

A la jornada asistió el Papa, quien inició la ceremonia de la Pasión de Cristo postrado en el suelo. Este gesto tiene un profundo significado penitencial. La celebración del Viernes Santo es una de las más silenciosas donde la contemplación de la Cruz es un elemento fundamental. 

Ante una Basílica de nuevo vacía por la emergencia del coronavirus, Cantalamessa recordó que «la Cruz de Cristo ha cambiado el sentido del dolor y del sufrimiento humano. De todo sufrimiento, físico y moral. Ya no es un castigo, una maldición. Ha sido redimida en raíz desde que el Hijo de Dios la ha tomado sobre sí».

Gracias a la cruz de Cristo «el sufrimiento se ha convertido también, a su manera, en una especie de «sacramento universal de salvación» para el género humano».

Padre Cantalamessa,  predicador de la Casa Pontificia: «Nos hemos olvidado de los muros a construir. El virus no conoce fronteras». Esta, insistió, «es la recesión que más debemos temer»

«¿Cuál es la luz que arroja todo esto en esta pandemia?, se preguntó el predicador. «El coronavirus nos ha despertado bruscamente del peligro mayor que siempre han corrido los individuos y la humanidad: el del delirio de omnipotencia». «Ha bastado el más pequeño e informe elemento de la naturaleza, un virus, para recordarnos que somos mortales, que la potencia militar y la tecnología no bastan para salvarnos», añadió.

Cantalamessa –cita el portal Alma y Omega,  acudió a un ejemplo concreto. Mientras pintaba al fresco la catedral de San Pablo en Londres, el pintor James Thornhill retrocedió para verlo mejor, y «no se daba cuenta de que se iba a precipitar al vacío desde los andamios. Un asistente, horrorizado, comprendió que un grito de llamada solo habría acelerado el desastre». Sin pensarlo dos veces, el asistente «mojó un pincel en el color y lo arrojó en medio del fresco. El maestro, estupefacto, dio un salto hacia adelante. Su obra estaba comprometida, pero él estaba a salvo».

Esta imagen simboliza como actúa a veces Dios con nosotros: «trastorna nuestros proyectos y nuestra tranquilidad para salvarnos del abismo que no vemos». Pero, aseguró Cantalamessa, «atentos a no engañarnos. No es Dios quien ha arrojado el pincel sobre el fresco de nuestra orgullosa civilización tecnológica. ¡Dios es aliado nuestro, no del virus!». «Si estos flagelos fueran castigos de Dios, no se explicaría por qué se abaten igual sobre buenos y malos, y por qué los pobres son los que más sufren sus consecuencias. ¿Son ellos más pecadores que otros?».

El religioso continuó aclarando que «El que lloró un día por la muerte de Lázaro llora hoy por el flagelo que ha caído sobre la humanidad. Sí, Dios ‘sufre’, como cada padre y cada madre. Cuando nos enteremos un día, nos avergonzaremos de todas las acusaciones que hicimos contra él en la vida».

Dios permite que la libertad siga su curso

En su homilía, el padre Cantalamessa se preguntó ante los espectadores de todo el mundo, que seguían la celebración por diferentes medios de comunicación o por streaming, si «¿acaso Dios Padre ha querido la muerte de su Hijo, para sacar un bien de ella?». «No, simplemente ha permitido que la libertad humana siguiera su curso». Esto vale también para los males naturales: «Él ha dado también a la naturaleza una especie de libertad, cualitativamente diferente, sin duda, de la libertad moral del hombre, pero siempre una forma de libertad. Libertad de evolucionar según sus leyes de desarrollo. No ha creado el mundo como un reloj programado con antelación en cualquier mínimo movimiento suyo».

Un fruto positivo de la presente crisis sanitaria es «el sentimiento de solidaridad. ¿Cuándo, en la memoria humana, los pueblos de todas las naciones se sintieron tan unidos, tan iguales, tan poco litigiosos, como en este momento de dolor?». «Nos hemos olvidado de los muros a construir. El virus no conoce fronteras. En un instante ha derribado todas las barreras y las distinciones: de raza, de religión, de censo, de poder. No debemos volver atrás cuando este momento haya pasado». Esta, insistió, «es la recesión que más debemos temer».

 

https://youtu.be/n280rlQ9ZuU