jueves 4 de junio de 2026

¡EFEMÉRIDES! #12Feb Muere Julio Cortázar, escritor argentino

Hace 35 años, el 12 de febrero de 1984 moría Julio Cortázar. Había nacido en Bruselas, vivió y murió en París y, sin embargo, fue un escritor argentino, si es que tal cosa existe. Y no lo era sólo porque escribiera en castellano, sino porque lo argentino aparecía como rasgo de identidad en su escritura, como una nostalgia tanguera que teñia sus palabras, incluso las más jubilosas.

Se dice que murió de leucemia, aunque desde hace tiempo este dato está puesto en duda. Dos años antes había muerto su compañera de vida de los últimos tiempos, Carol Dunlop, a la que supuestamente, él le habría contagiado sida. Las razones no tendrían ninguna importancia si no fuera porque en cualquiera de los dos casos señalan que la muerte no tuvo con él ni con su pareja ninguna amabilidad. Curiosamente, tampoco la tuvo con quien fuera su primera esposa y albacea, Aurora Bernardez, quien lo sobrevivió muchos años, se ocupó también de su obra póstuma y finalmente encontró la muerte a los 94 años, en París, debido a un accidente cerebrovascular.

Puede decirse que la relación que mantuvo Aurora con él hasta el fin de sus días fue «la continuación del amor por otros medios». Convivieron 14 años como marido y mujer, pero estuvieron juntos toda la vida aunque ya no compartieran el mismo espacio. Escritora y traductora, ella se ocupó toda la vida de la obra de quien fuera su esposo aunque el vínculo marital estuviera formalmente disuelto. El afectivo, en cambio, no se disolvió nunca, ni siquiera luego de la muerte. Las cenizas de ambos descansan juntas en el cementerio de Montparnasse. También allí descansa Carol Dunlop.

Piedras, rosas, papelitos llenos de palabras. La tumba de Cortázar está siempre llena de mensajes para él, como si existiera la certeza de que la muerte no le arrebató la posibilidad de seguir comunicándose. Ese escenario aparece en Rayuela que, por obra y gracia de quienes visitan su tumba, parece perder su carácter ficcional para ser una guía de viaje al mundo de Cortázar.

En Diario de Andrés Fava Cortázar había escrito: «Quisiera que el gesto de la muerte no irrumpiese de fuera, no se amplificara desmesuradamente, que entre llevarme el tenedor o la pistola a la boca no hubiera casi diferencia cualitativa. Si matarse es una ventana, no salir golpeando la puerta. Si vivir fue not a bang but a whimper, disponer el cese de actividades con la misma sencillez que se apaga el velador para admitir una noche más. El punto final es pequeñito, y casi no se lo ve en la página escrita; se lo advierte luego por contraste, cuando después de él comienza el blanco».

Hace 35 años que para Cortázar ha comenzado el blanco y, a diferencia de los que ha pasado con Borges, por ejemplo, parece que resulta un escritor incómodo. Tan grande, tan alto, tan difícil de ubicar por su desmesura física, nunca se sabe bien en qué estante ponerlo, si en el del escritor que nunca dejó de ser un niño inmaduro en su escritura, en el que escribió una novela monumental que ya es vieja ‘el esqueleto de un dinosaurio’, si en el de la gran personalidad literaria o en el de los escritores que siguen desterrados en la muerte por condena de la Academia o de los escritores que realmente la tienen clara. «El mejor Cortázar es un mal Borges», dirá César Aira con aire de pedonavidas.

Juan Rulfo, en un texto recogido a modo de acápite en la biografía de Corázar escrita por Mario Goloboff, afirma: (Cortázar) tiene un corazón tan grande que Dios necesitó fabricar un cuerpo también grande para acomodar ese corazón suyo. Luego mezcló los sentimientos con el espíritu de Julio. «Es probable que no ser un hombre que se convirtió en escritor hubiera sido un piano de cola o un contrabajo, esos instrumentos enormes y difíciles de transportar que requieren siempre mucho espacio y quelos que los músicos con sentido práctico prefieren no elegir».

NAM/Agencias