En el partido inaugural de la Copa Confederaciones, Rusia tenía la responsabilidad, más allá de ganar el partido, de demostrar que cuenta con lo necesario para competir no solo en esta competición, sino en el Mundial del próximo año. Nueva Zelanda, un rival menor en cuanto a fútbol se refiere, sirvió como medidor para los jóvenes talentos rusos que quieren proyectarse de bueno manera a menos de un año del torneo más importante del mundo del deporte junto a los Juegos Olímpicos.
Con una declaración de intenciones muy claras, Nueva Zelanda empezó a bombardear con centros el área de Igor Akinfeev, mítico arquero ruso, en búsqueda del delantero Chris Wood, que tiene un físico de jugador de rugby, para que el solitario 9 convirtiera en petróleo jugadas exentas de generación y pobres en cuanto a organización. El partido se movió con esa tónica hasta que Denis Glushakov, volante central ruso, comenzó a controlar los tiempos del partido y a participar de manera activa en la generación de juego de los locales, que demostraron ser infinitamente superior en ese tramo del partido, hasta exigiendo a Mcglinchey y Smith de sacar dos pelotas en la línea.
Pero, sin la capacidad individual y colectiva de generar peligro, Los Kiwis decidieron replegarse muy cerca de Stefan Marinovic y alejarse de Wood para resguardar el 0-0 con el que comienzan todos los partidos y, dentro del movimiento defensivo, Marco Rojas, delantero de padre chileno, retrasó su posición dejando más solo todavía Wood pero fungiendo de sombra de Glushakov, que perdió total influencia en el juego y eso transformó a Rusia en un conjunto sin ideas y dependiente del balón largo para poder generar peligro.
El partido, que pasaba por un pasaje donde los ambos arcos sobraban, era tedioso y complicado de ver. Un equipo neutralizado y carente de variantes más allá de Glushakov contra otro carente de ideas ofensivas. Los goles parecía que llegarían mediante a errores más que por alguna virtud colectiva e individual y así termino pasando. En un error en la salida de los neozelandeses, Aleksander Eokhin recuperó y pasó Dmitry Poloz que, de primera, filtraría un pase delicioso para Glusakov que, en una posición muy adelantada en el campo, definiría de una manera suculenta con el borde externo por arriba del arquero pero que terminaría pegando en el palo y siendo empujada por Michael Boxall en propia puerta (Min. 31). Un gol bien gestionado pero que terminó ensuciándose ante el intento de los defensores de sacarla. Con ello terminaría una primera mitad a favor de los rusos por 1-0
En la segunda parte, todo fue un monopolio de los locales, que controlando el resultado se sintieron más cómodos para controlar el desarrollo con Marinovic, guardameta neozelandés, como figura milagrosa. Todo se jugaba en campo de los Kiwies, que se sentían en el encuetro mientras que el resultado se mantuviera 1-0. Hasta que Alksander Bukharov entrará por Poloz, lo que terminó dándole mayor libertades a Fedor Smolov, el delantero con mayores variantes de Rusia, para salir a asociarse con sus compañeros y convertirse en el constructor de las jugadas. Un delantero parecido a Benzema en el Real Madrid.
Con todo controlado, Rusia encontraría el 2-0 por intermedio del mismo Smolov que, rompiendo líneas con su conducción y sin mucha oposición de sus contrincantes, encontró a Alexander Samedov, que le devolvería gentilezas, para el nueve entrará solo y anotará el gol que definiría el encuentro (Min. 68). Todo lo demás fue mero trámite.
Rusia demostró muchas variantes interesantes que pasan más por lo individual que por lo colectivo, pero que le puedan dar ciertos frutos si encuentra la manera de unificar la capacidad de Glushakov de organizar juego y la de Smolov de retroceder y combinarse. Una victoria necesaria para los rusos que, ahora solo piensan en Portugal y México, sus próximos rivales y contendientes para encontrar un cupo en las Semifinales.

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