domingo 7 de junio de 2026

Maryclen Stelling: Pasión y razón

La realidad nacional está sometida a todo tipo de interpretaciones, especulaciones, parcializaciones, afectividades y sesgos políticos. Prisioneros de la pasión y la subjetividad, no es fácil distanciarnos, mirarnos, entendernos y analizarnos; para luego, fríamente, explicar lo que acontece.Nos enfrentamos a una suerte de combate entre la racionalidad analítica y la lectura políticamente apasionada del país.

Así, paralelamente a la profundización de la crisis multidimensional y la escalada de violencia, intentamos lidiar, organizar y concatenar una serie de variables que suponemos inciden y explican el momento actual y, además, justifican nuestra ¿desapasionada? posición político-analítica. El asedio diplomático y juicio internacional, la “guerra suave”, el cerco económico y el transmediático internacional con sus tentáculos nacionales; la interinfluencia entre la crisis interna y la coyuntura regional, sujeta a pronósticos sobre un supuesto fin del ciclo progresista.

La interpretación político-partidista en torno a la gestión de gobierno y la crisis multidimensionalque aqueja al país. La desconexión con el pueblo y su lucha diaria; la desestimación de la organización social y el papel de los sectores populares, su capacidad de organización y logros alcanzados.

La profundización de la polarización y la escalada de violencia promovida por los

extremos, con sus consecuencias humanas, materiales, políticas, sociales, culturales y psicológicas. El desconocimiento, el desprecio y la negación de la fuerza del oponente. El llamado a la paz del Gobierno y la convicción de ciertos sectores de profundizar la confrontación violenta y la destrucción. La premura en la toma de decisiones al fragor de la batalla y ante un “inminente final”.

La estigmatización de discursos alternativos, que promueven el fortalecimiento de un pacto de convivencia y la expresión de las diferencias. La pertinencia, condiciones y legitimidad de la convocatoria a un proceso constituyente que suscita diferencias, disidencias y deserciones.
Es indudable la dificultad para tomar distancia dado el compromiso político y la magnitud de la crisis. Automáticamente surge la duda sobre la posibilidad de tal distanciamiento o de una equidistancia neutra entre los dos polos, dos medias verdades, dos lealtades en la que cada una explica e invoca la otra.

En la lectura del país, libramos entonces otra batalla entre la razón y la pasión.