Con un cartón en la mano, su “camita” como lo hace llamar, Ruperto Negrete de 65 años se lamenta por todas la calamidades que deben pasar sus contemporáneos en las colas mientras esperan cansados e indignados que les cancelen al menos la mitad de su pensión.
Venezuela cuenta con un plan de pensiones que atiende a más de tres millones de beneficiados en las diferentes entidades bancarias registradas en el sistema financiero. A través de un decreto presidencial, el ex-presidente Hugo Chávez, colocó en marcha en el año 2011 la «Gran Misión Amor Mayor» que ampliaría la pensión para atender a todo adulto mayor que con ingresos por debajo de un sueldo mínimo, la idea de Chávez era beneficiar a todos sin distinción, por eso cada año más personas se van sumando a este beneficio. Lo que en años anteriores no sería un problema por la liquidez monetaria del país ahora se ha vuelto una “tragedia para muchos” por la escasez de efectivo y una inflación arrolladora.
Actualmente las entidades financieras no cuentan con suficiente dinero en efectivo para lograr atender a la población de pensionados, Negrete asegura que los bancos solo cancelan la mitad del pago correspondiente, lo que no representa ni la mitad de su tratamiento para la hipertensión. “Continúan las mentiras, el gobierno dice algo y las personas del banco algo diferente, me vine muy temprano, he dormido en un cartón aquí afuera, cuando cobre tengo que buscar donde consigo mi medicina” expresó.

Cola de pensionados/Banco Bicentenario
La Superintendencia de Instituciones del Sector Bancario (Sudeban), anunció una nueva modalidad de pagos para el cobro de la pensión de jubilados y pensionados por el terminal de la Cédula de Identidad, implementando un cronograma el cual consiste en asignar tres días a la semana para la atención preferencial de los pensionados.
El plan piloto arrancó el 20 de marzo, pero los pensionados insisten que las “intenciones están sobre la mesa” pero el resultado sigue siendo el mismo por la falta de efectivo impidiendo el cobro completo de la pensión y la celeridad en el proceso.

Daysi de Garrillo de 55 años, llegó desde muy tempranas horas a la sede del Banco Bicentenario en la Av. 5 de Julio en Maracaibo, en medio del calor y el cansancio asegura que hace la cola “solo por obtener el efectivo”, con el cual puede comprar al menos medio cartón de huevos y un kilo de arroz “a buen precio en un mercado popular de la ciudad”.

La crisis del efectivo ha escalado a tal punto que en el país caribeño la comercialización de los rubros se maneja con dos precios distintos, si es comprado con dinero en efectivo cuesta el 50% menos del costo pagado con tarjeta o transferencia; fenómeno que forma parte de la distorsión en la economía venezolana y totalmente ilegal.
Con su cara enrojecida por el sol, Garrillo explica que los venezolanos ya no son dueños de su dinero, en las entidades bancarias te imponen el monto para ser retirado por la falta de papel moneda, “aquí hay personas que tienen acumulados hasta un millón de bolívares y les permiten retirar solo cuatrocientos mil, personas que deben pagar hasta cuatro pasajes para lograr venir a retirar su pensión”, expresó.
Ni efectivo ni tarjetas
María González de 77 años pensionada, asegura que desde hace meses está solicitando en el banco una tarjeta de débito para evitar el tener que retirar por taquilla el dinero y así no realizar la cola, pero los trabajadores del banco afirman que no tienen plásticos para emitirlas. En medio del inclemente sol de la ciudad marabina manifestó entre cortada por el cansancio que implica realizar estas colas que se siente “olvidada” por las autoridades.

Algunos de los presentes en la cola exponen que efectivamente dentro de las diferentes entidades bancarias la respuesta al solicitar la emisión de un tarjeta de débito es que no existe la disponibilidad de plásticos, sin embargo, los mismos denunciaron que se les ha ofrecido dicho material pero deben cancelar entre 500 y 700 mil bolívares para poder conseguirla.
No alcanza
La inflación en Venezuela se refleja en cifras «extraordinarias, especialistas aseguran que es una da las más altas del continente, lo que abre un debate sobre los ingresos del venezolano y su poder adquisitivo. ¿Llegaré a fin de mes? es la pregunta que se hace todo ciudadano en el país al recibir su salario. La realidad de los pensionados no escapa de allí, en números un pensionado recibe alrededor de 800 mil bolívares fuertes, lo que se traduce en un kilo de queso para el bolsillo del venezolano.

Solangel Urrutia de 57 años, afirma que desde horas de la madrugada llegó a la entidad bancaria hacer su cola para cobrar, pero se esparció un rumor que solo cancelarían la mitad del pago asignado, «qué hago con la mitad, solo no me alcanza para comprar mi medicina» se queja a las afueras del lugar.
Como ella muchos aseguran que al recibir el pago deben elegir «entre comer o comprar los medicamentos» expresan.

Lino Sánchez, lamenta que las autoridades insistan en cancelar la mitad del pago del que no alcanza «ni para un kilo de queso, el problema es que nadie reclama», Sánchez recuerda los anteriores gobiernos, donde afirma el pago era menos pero el poder adquisitivo era superior al actual, «esto es un decepción tan grande, ni en los tiempo de Pérez Jiménez le habían hecho tanto daño a Venezuela», sentenció.

Lo que debería causar tranquilada en la vejez, se ha convertido en un suplicio para los adultos mayores del país. El gobierno estudia y aplica medidas que buscan frenar el problema, pero solo han representado un «pañito de agua caliente» que por la falta de seguimiento y vigilancia terminan siendo parte del ciclo y no su fin.
La asistencia en horas de la madrugada a los bancos para realizar la cola, exponen a los beneficiados a la delincuencia, aunando a su permanencia en ella hasta altas horas de la tarde expuestos al sol y deshidratación son las característica infalibles de un día de cobro para los pensionados.
El caos en el sistema de pensiones, es el reflejo de políticas equivocadas que han arropado a todos sectores de la sociedad venezolana, donde una economía vulnerable a los ataques, caracterizada por reformas deficientes y medidas superficiales crean un panorama desalentador, que ya tocó fondo y no distingue entre edades y condiciones.
¿Hasta cuándo vamos aguantar? es la pregunta de Alfredo Ramírez un adulto mayor que con 68 años y una enfermedad cardiovascular debe pasar más de ocho horas en cola para cobrar su pensión.
NAM/Vanessa Tenia
Fotos cortesía: Cesar Lozada
