No es novedad últimamente, pero este miércoles, en su puesta de largo en el torneo y como defensor del título en Madrid, Novak Djokovic volvió a estar contra las cuerdas. Sufrió Nole, otra vez. Lo dicho, ha dejado de ser noticia esa angustia y ese rostro torcido, pero sí algo que continúa impactando y mucho, porque no se puede entender la tremenda descomprensión del serbio. Al final, esta vez salió del apuro, pero Nicolás Almagro lo tuvo ahí, arrinconado, a prácticamente un empujón de que volviera a caer por el precipicio.
El de Belgrado, inmenso en ese tramo final, le rompió dos veces el saque (3-2 y 6-5) y zanjó bien una mañana puñetera, en la que a Almagro le penalizaron 37 errores no forzados. Nole, aliviado, suspiró. Con el 6-1, 4-6 y 7-5 (en 2h 15m) se fue al centro de la pista, saludó a la grada madrileña y después conversó a pie de pista en español, porque lo estudia y lo practica con relativa asiduidad. Y antes de despedirse –se medirá al ganador de Feliciano López-Gilles Simon.
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