La Iglesia Católica Argentina anunció el martes que entregará a la justicia más de un centenar de actas de bautismos celebrados en la capilla de un predio de la Armada donde funcionó el mayor centro clandestino de torturas de la última dictadura militar, una información que podría revelar el destino de los niños sustraídos a sus padres desaparecidos y luego adoptados ilegalmente.
“Tenemos la firme convicción de que la Iglesia debe extremar sus esfuerzos para contribuir al camino de la memoria, la verdad y la justicia en todos los campos, especialmente ante la gravedad de los delitos de lesa humanidad perpetrados bajo el terrorismo de Estado durante los años 1976-1983”, expresó la Conferencia Episcopal Argentina en un comunicado.
En total, 127 actas de bautismos celebrados entre 1975 y 1984 en la capilla Stella Maris de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) se entregarán al juez federal Sergio Torres, a cargo de las causas por delitos de lesa humanidad perpetrados en ese lugar. Allí –se estima– fueron detenidos unos 5.000 disidentes, de los cuales muy pocos sobrevivieron. El lugar además funcionó como una maternidad clandestina donde se asistían a las cautivas embarazadas.
Según organismos de derechos humanos, unos 30.000 disidentes fueron asesinados durante la dictadura. La cifra oficial calcula unos 8.000 en total.
La justicia ha determinado que existió un plan sistemático de robo y adopción ilegal de hijos de desaparecidos durante la dictadura. Poco después de que las detenidas embarazadas daban a luz, sus niños les eran arrebatados y entregados para su adopción ilegal con otra identidad a familias de militares o allegados.
Las Abuelas de Plaza de Mayo sostienen que al menos 500 niños fueron víctimas de este mecanismo, de los cuales 127 han logrado recuperar su verdadera identidad.
La titular de esta organización, Estela de Carlotto, ha insistido en que la Iglesia cuenta con información que podría contribuir a la búsqueda de los nietos y así se lo manifestó en las dos reuniones que mantuvo con su compatriota el Papa Francisco en el Vaticano.
NAM/AP
