Un hecho por demás insólito ocurrió en Caracas, justo en la Sede Nacional de Medicatura y Ciencia Forense, SENAMECF, donde la confusión en la entrega de los cadáveres de dos abuelas ha desatado un alboroto, debido a que fueron entregados los cuerpos a los familiares equivocados y los primeros decidieron cremar a su deudo, mientras que los segundos ahora no tienen a quien rendirle un justo homenaje póstumo.
María Ignacia Torrelles de 90 años falleció el 24 de febrero de un paro respiratorio, por lo que su cuerpo fue trasladado a la Medicatura Forense, allí presuntamente se generó una confusión a la hora de asignar el número correspondiente de cadáver, lo que llevó a que el cuerpo de la abuela María fuera entregado a la familia equivocada y ésta sin ton ni son procediera a cremarla en el Cementerio del Este, como tenían estimado para su pariente y luego de ese acto esparcir sus cenizas, según los deseos de los deudos.
La abuela María no tenía cédula de identidad y mucho menos partida de nacimiento, por eso la demora en la entrega del cuerpo a sus familiares, porque ellos debieron hacer un sinnúmero de trámites para que el cuerpo les fuese entregado. El sábado 3 de marzo ya tenían todo listo y habían entregado los recaudos exigidos para que les dieron los restos de su ser amado, pero su sorpresa fue mayúscula, cuando llegó el carro fúnebre y procedieron a retirar el cuerpo, les mostraron un cadáver que no era el suyo.
Una nieta que la vio notó que tenía dientes y su abuela no los tenía, por lo que se negaron a llevársela. En el SENAMECF les dijeron que volvieran el domingo porque quien tenía la llave para buscar los cadáveres no estaba. El domingo tampoco pudieron, así que regresaron el lunes y es allí cuando se dan cuenta del terrible error.
Al revisar se dieron cuenta que el día del fallecimiento de la abuela María, otra señora de avanzada igual ingresó a la morgue y los empleados de guardia confundieron la numeración. El cuerpo de María Ignacia fue retirado por otra familia el 26 de febrero, pero los parientes a pesar de manifestar que no reconocían la bata que vestía la difunta y el cabello era más corto, la aceptaron, la velaron y la cremaron.
Ante la algarabia, el dolor por la pérdida de un ser querido y la confusión convocaron a los familiares de la abuela que habián cremado, les permitieron bajar al sótano de la morgue y para su sorpresa, allí estaba su abuela, no era el cuerpo de Torrelles y si era la pariente de ellos, por lo que tendrán que hacer de nuevo los actos fúnebres.
Sin embargo, los parientes de Torrelles no podrán despedirla como planeaban y muchos menos recuperar las cenizas de su amada abuela, para honrarla y darle cristiana sepultura.
NAM/Con información de Altagracia Anzola
