Tal vez no solo sea en Venezuela que se vean estas cosas, cada país tiene sus particularidades, pero en este este lugar del mapa, 60-66, primer paralelo norte de la línea ecuatorial, las particularidades parecen ser más particulares que en ningún otro lugar y más aún tratándose de nuestras abuelas, cuya ternura se escuda en la regia forma de ser, que van por la calle del medio con la suficiente autoridad que se han ganado con sus años de vida. Esta es la historia de uno de los últimos milagros registrados en La Guaira durante las labores de rescate de sobrevivientes al devastador terremoto del 24 de junio.
La abuelita, notablemente es ‘jodida’ término que en Venezuela se asocia a persona de mucho carácter, estaba siendo extraída apenas por un orificio por donde podía pasar muy apretada. Pero, la doñita con el temple de acero de las abuelas venezolanas, guiaba a los socorristas con ese particular carácter que brotaba entre su angustia, su dolor y su forma de ser y unas frases ante las cuales, los laboristas no pudieron aguantar la risa y, por el contrario, conectaron con ella en el tono más venezolano que pude existir.
«Cuidao, papá, ya va, que me vas a rajá el pellejo…¿Tú crees que estos setenta que cargo encima no me pesan?…Quítame ese teléfono de la cara hijo hazme el favor…» y así transcurrió entre diretes de ánimo y frases muy cómicas de la señora su milagroso rescate, tras ocho días sepultadas bajo escombros.
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