El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, celebra que cumple 80 años el domingo con un gran espectáculo de cumpleaños que antes habría parecido inimaginable: una velada de peleas en jaula en el histórico Jardín Sur de la Casa Blanca.
Esta semana, las duras realidades del cargo han amenazado con eclipsar el ostentoso despliegue de artes marciales mixtas de la UFC, en el que los combatientes, encerrados dentro de un octágono de malla metálica, intentan golpearse con puños y patadas, asestar tajos y aporrearse hasta someter al rival.
Trump se ha visto acorralado en una guerra impopular y costosa que ayudó a iniciar en Irán. El acuerdo para poner fin al conflicto podría estar cerca, pero aún falta negociar los detalles cruciales. Mientras tanto, a aproximadamente una milla de la fiesta de cumpleaños de Trump, equipos de trabajo arrancaron el nombre del presidente del Centro Kennedy después de que un juez dictaminara que bautizarlo con el nombre de Trump había ido demasiado lejos.
Aun así, el presidente saldrá de la Casa Blanca y estará rodeado de miembros de su gobierno, funcionarios destacados, legisladores republicanos y más de 4.000 espectadores que gritarán hasta quedarse afónicos en una arena temporal bajo “The Claw” (“La Garra”), un arco metálico parecido a una nave espacial, equipado con iluminación, equipo de sonido y pantallas gigantes. Miles más lo verán en pantallas grandes desde la cercana explanada del Ellipse.
Dana White, jefe de la UFC y amigo cercano del presidente, afirmó durante una sesión de promoción la noche del viernes en el Monumento a Lincoln, donde parejas de luchadores se empujaron y forcejearon para las cámaras bajo la mirada estoica de la figura de mármol del “Honesto Abe”: “Este evento es un evento único, un evento increíble. Me encanta”.
El presidente ha intentado vincular el evento del domingo —que incluye siete peleas que se extenderán más allá de la medianoche— con las celebraciones más amplias, de varios meses, por el 250º aniversario de la firma de la Declaración de Independencia.
Pero está mucho más orientado a homenajearse a sí mismo, tanto que la cumbre del G7 de líderes de naciones industrializadas retrasó su reunión para que el presidente pudiera asistir a su fiesta de combates en jaula y luego volar directamente a Francia para los encuentros.
NAM/AP
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