Hay noches donde el fútbol decide despojarse de pizarras y trincheras para recordar por qué es el deporte más bello del mundo. Lo vivido en el Parque de los Príncipes no fue un partido; fue una batalla de ejércitos dispuestos a morir matando. El PSG derrotó 5-4 al Bayern Múnich en la ida de las semifinales de la Champions, una victoria que sabe a gloria pero que deja una sensación inquietante: le hizo cinco goles al gigante alemán y, aun así, no logró liquidarlo.
El guion fue una montaña rusa de emociones que comenzó con el sello de Luis Díaz. El colombiano, en una faena memorable, provocó un penalti tras una cabalgata eléctrica que Harry Kane canjeó por el 0-1 a los 17 minutos. París parecía congelarse, pero el campeón defensor reaccionó con la furia de un huracán. Kvaratskhelia puso el 1-1 al ángulo y João Neves, con un testarazo certero, dio vuelta al marcador.
Sin embargo, el Bayern es un tanque que nunca deja de disparar. Olise, con un latigazo estético, puso el 2-2, antes de que Ousmane Dembélé devolviera la ventaja al PSG desde los once metros para cerrar un primer tiempo de locura (3-2).
En el complemento, el PSG pareció rozar la sentencia con nuevos zarpazos de Kvaratskhelia y Dembélé. El 5-2 sugería una humillación histórica, pero la jerarquía bávara emergió del abismo. Upamecano recortó distancias de cabeza y, cuando el público francés suplicaba el final, apareció la magia de «Lucho» Díaz. El guajiro bajó un trazo largo de Kane con la delicadeza de los elegidos, enganchó y clavó un disparo al ángulo para el 5-4 definitivo.
El PSG hizo casi todo bien, pero el Bayern dejó pólvora en la cancha. La victoria es parisina, pero en Múnich, la maquinaria alemana espera con la herida abierta y el fusil cargado. ¡Qué bendito deporte!
NAM
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