Hay algo que hacemos más de lo que creemos y casi nunca lo cuestionamos. Estamos frente a un plato delicioso y decimos: “Sí… está bueno. Se parece a uno que comí en tal lugar” o “Sí.. está bueno, pero el que prepara… es más delicioso”.
Y ahí mismo —sin darnos cuenta— nos fuimos. El cuerpo sigue sentado, pero la experiencia ya no está ahí.
Porque no se pueden probar dos sabores a la vez. No se puede estar en este bocado y en el recuerdo de otro. No se puede saborear aquí mientras la mente está comparando allá.
Si está delicioso, ¿para qué lo comparas? Cómetelo. Vívelo. Quédate. Pero no. Lo medimos. Lo evaluamos. Lo ponemos a competir con otro momento que ni siquiera está presente. Y esto no pasa solo con la comida. Pasa con los lugares. Con los paisajes. Con lo que alguien te muestra con ilusión. Con lo que la vida te está ofreciendo hoy.
Cuando comparas, no disfrutas. Cuando comparas, no honras. Cuando comparas, te pierdes de contemplar y de sentir el aquí y ahora. Porque comparar es una forma elegante de no entregarse. De no dejarse tocar. De no decir: “Esto es lo que hay ahora… y es suficiente”.
Lo más delicado de todo no es que te sabotees tú. Es que, sin querer, descalificas el momento. El gesto. La intención. El aquí y el ahora. Como si lo que estás viviendo tuviera que pasar una prueba para merecer ser disfrutado.
NAM/Laura La Rosa Colmenarez/Coaching
Síguenos en nuestras redes sociales para que tengas toda la ¡INFORMACIÓN AL INSTANTE!
Visita nuestro sitio web:
https://noticiaalminuto.com/
X:
https://noticiaalminuto.com/twitter
Instagram:
https://noticiaalminuto.com/instagram
Telegram:
https://noticiaalminuto.com/telegram
Grupo de WhatsApp:
https://noticiaalminuto.com/whatsapp
