La incertidumbre generada por la crisis de la memoria DRAM está golpeando severamente a la industria de los videojuegos. Este problema no solo afecta a las consolas actuales, como PS5 y Xbox Series, sino que pone en jaque a la próxima generación. Según fuentes del sector, el aumento en los costes de producción podría obligar a Sony y Microsoft a retrasar el lanzamiento de PS6 y Xbox Next entre seis meses y un año para evitar precios de salida inalcanzables.
A diferencia de décadas anteriores, el modelo de consolas subvencionadas parece haber llegado a su fin. Los fabricantes ya no están dispuestos a vender hardware a pérdida, lo que explica por qué los sistemas actuales se han encarecido en lugar de bajar de precio. Con la implementación de componentes avanzados, los analistas prevén que la PS6 podría costar entre 600 y 700 dólares, mientras que la próxima Xbox alcanzaría los 1.000 dólares al enfocarse en un mercado de gama ultra-alta o «premium».
Por otro lado, Nintendo Switch 2 se perfila como la excepción a esta tendencia alcista. La compañía japonesa cuenta con un mayor margen de maniobra gracias a costes de producción más bajos y una estructura de ingresos más sólida por unidad. Esta ventaja permitiría a Nintendo mantener un precio competitivo, protegiendo tanto su volumen de ventas como el valor de sus acciones frente a la volatilidad que enfrentan sus competidores directos.
El mercado del gaming entra así en una fase crítica donde la potencia técnica podría verse frenada por la realidad económica. Si la crisis de suministros persiste, los jugadores deberán elegir entre aceptar precios récord o esperar a que la cadena de suministro global se estabilice para recibir el relevo generacional de sus consolas favoritas.
