El miedo volvió a apoderarse del sur de Filipinas la noche de este viernes, cuando una potente réplica de magnitud 6,7 estremeció la isla de Mindanao, apenas horas después de un devastador terremoto de 7,4 grados que dejó al menos seis muertos, decenas de heridos y severos daños estructurales en varias provincias.
El nuevo movimiento telúrico se registró a las 19:12 hora local (11:12 GMT) a una profundidad de 62 kilómetros, con epicentro a 24 kilómetros de la ciudad de Santiago, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). La agencia sismológica filipina (Phivolcs) activó de inmediato una alerta de tsunami, ante la posibilidad de olas superiores a un metro en las próximas horas.
Un segundo golpe que agravó el desastre
El jefe del Instituto Filipino de Vulcanología y Sismología, Teresito Bacolcol, confirmó que el nuevo temblor “no fue una simple réplica, sino un segundo terremoto independiente, un sismo doble”, originado por el movimiento en la misma línea de falla —la Fosa de Filipinas— a solo 10 kilómetros de profundidad, frente al pueblo costero de Manay, en la provincia de Davao Oriental.
“Ambos ocurrieron en la misma zona, pero con diferentes epicentros y magnitudes. Este segundo sismo podría debilitar aún más las estructuras ya afectadas por el primero”, advirtió Bacolcol.
El impacto fue inmediato. Varias estructuras colapsaron parcialmente, se produjeron deslizamientos de tierra en zonas mineras y se evacuaron comunidades enteras a lo largo de la costa oriental.
Las autoridades locales confirmaron al menos seis fallecidos, entre ellos dos personas que murieron por ataques cardíacos durante el primer sismo, y otras tres que quedaron sepultadas bajo un deslave en una mina artesanal en Pantukan, provincia de Davao de Oro. También se reportó la muerte de un residente alcanzado por escombros en la ciudad de Mati, y centenares de heridos en Davao y Butuan.
Escenas de pánico y destrucción
“Estaba manejando cuando el suelo comenzó a sacudirse violentamente. Los postes de luz se balanceaban, la gente corría gritando, y la electricidad se fue en segundos”, relató Jun Saavedra, funcionario de mitigación de desastres en el municipio de Gov. Generoso, uno de los más golpeados por el segundo sismo.
Las imágenes difundidas por medios locales y agencias internacionales mostraron grietas profundas en calles y edificios, techos desprendidos y familias durmiendo a la intemperie por temor a nuevos temblores. En Davao, la ciudad más grande del sur filipino, el aeropuerto internacional sufrió daños estructurales aunque continuó operativo, y más de 50 estudiantes fueron hospitalizados tras sufrir desmayos y contusiones durante las evacuaciones escolares.
Tsunami y emergencia prolongada
El Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico, con sede en Honolulu, detectó pequeñas olas en las costas de Filipinas e Indonesia, antes de declarar el cese del peligro unas dos horas después. No obstante, el Phivolcs mantuvo la recomendación de no regresar de inmediato a las zonas costeras hasta descartar completamente nuevas réplicas.
Las autoridades filipinas ordenaron evacuaciones preventivas en al menos seis provincias costeras, incluidas Surigao del Sur, Davao Oriental y Surigao del Norte, y suspendieron clases en toda la región.
“Trabajamos contrarreloj para asegurar que la ayuda llegue a todos los que la necesitan”, afirmó el presidente Ferdinand Marcos Jr., quien supervisa desde Manila las labores de rescate y evaluación de daños.
El mandatario, que enfrenta una seguidilla de desastres naturales —incluidos un reciente sismo en Cebú y varias tormentas tropicales—, reconoció que las operaciones de búsqueda avanzan con dificultad debido a los cortes eléctricos, carreteras bloqueadas y deslizamientos de tierra.
Filipinas, sobre el Anillo de Fuego
Filipinas se encuentra sobre el Anillo de Fuego del Pacífico, una de las zonas sísmicas más activas del planeta, donde cada año se registran cerca de 7.000 terremotos, la mayoría de baja intensidad.
La Organización Meteorológica de Indonesia también reportó olas menores —de entre 3,5 y 17 centímetros— en las Islas Talaud, mientras que equipos de emergencia internacionales se preparan para ofrecer apoyo logístico y médico.
El país aún no se ha recuperado del sismo de magnitud 6,9 del pasado 30 de septiembre, que dejó 74 muertos y miles de desplazados en la provincia de Cebú.
Una nación acostumbrada al temblor, pero no al dolor
Mientras la noche cae sobre Mindanao, miles de familias permanecen en centros de evacuación improvisados, bajo la amenaza de nuevas réplicas. El sonido de las sirenas se mezcla con los rezos.
“Cada vez que la tierra tiembla, sentimos que todo vuelve a empezar”, dijo una enfermera voluntaria en Davao, con la voz entrecortada. “Filipinas tiembla seguido, pero el miedo nunca se acostumbra”.
NAM/Agencias
Síguenos en nuestras redes sociales para que tengas toda la ¡INFORMACIÓN AL INSTANTE!
Visita nuestro sitio web:
https://noticiaalminuto.com/
X:
https://noticiaalminuto.com/twitter
Instagram:
https://noticiaalminuto.com/instagram
Telegram:
https://noticiaalminuto.com/telegram
Grupo de WhatsApp:
https://noticiaalminuto.com/whatsapp
