domingo 7 de junio de 2026

¡ESPOSO DE WAYÚU QUE MUERE EN EL HOSPITAL CENTRAL! «Médico operante abandona el pabellón cuando mi esposa muere y me autorizan a sacarla de allí» || Desmiente vandalismo

El día 02 de septiembre del corriente, circuló una información sobre una supuesta acción ‘vandálica’ cometida por familiares de una paciente que habría muerto en quirófano del Hospital Central de Maracaibo, señalándolos de ‘irrumpir a la fuerza en el sitio de operaciones y sacar el cuerpo sin vida de la paciente para llevársela molestos del lugar’. Este jueves, 04 de septiembre, el señor Gerardo José Nava Vera, esposo de la paciente ut supra, de nombre Keilibeth González, de 39 años, acudió a la redacción de NAM, no solo para aclarar lo ocurrido, sino para denunciar públicamente al médico tratante de su esposa. A continuación, la versión completa contada por Nava.

I

«Lo primero que debo decir, es que mi esposa y yo somos de la etnia wayúu y eso no nos hace animales, incultos, ignorantes ni vándalos ni delincuentes. Voy a contar desde el principio todo lo que ocurrió para que se conozca ampliamente el contexto de lo sucedido. Mi esposa y yo acudimos a una consulta con el doctor José Prieto en el Centro Médico de Occidente, en Maracaibo en procura de hacernos una cirugía bariátrica. El médico nos evalúa y le dice a mi esposa que ella calificaba a ‘manga gástrica’ mientras yo calificaba a bypass. Posteriormente, el doctor nos envía a realizar una serie de exámenes, ambos nos hicimos los respectivos exámenes, pero, él (médico) empezó a presionarnos para que nos operásemos lo más rápido posible alegando de que la clínica iba a aumentar, es decir, como desesperado por operar. En vista de tanta presión, nosotros decidimos que mi esposa fuese la primera en operarse ante lo cual, ella le presenta al doctor todos los exámenes correspondientes y él programó la operación para dentro de los siguientes cuatro días (de un lunes a un viernes). Sin embargo, él no la envió a ella a hacerse las pruebas preoperatorias, evaluación nutricional, psiquiátrica, neurológica y todos los exámenes preoperatorios, sin embargo, yo confié en mi doctor, porque uno confía en su médico y él (médico)  me dijo que alquilaba el pabellón de la Clínica San Lucas y era allí donde él hacía sus cirugías».

II

«El día 02 de julio de 2025, mi esposa es intervenida quirúrgicamente de una ‘manga gástrica’ por el doctor José Prieto en el pabellón de la Clínica San Lucas, ella supuestamente salió bien de esa intervención que fue por laparoscopia; pasó su hospitalización y posteriormente le dieron su alta médica y nos fuimos a casa. Al tercer día comenzaron unos síntomas a mi esposa; ella no dormía bien de noche, acusaba náuseas, heructaba algo de mal olor y yo comencé a llamar al doctor angustiado dicéndole que mi esposa se sentia mal. El médico fue a mi casa, le destapó el drenaje y le sacó aproximadamente como 18 litros de sanguaza, una cosa fétida, podrida, sanguinea, horrible, eso nos angustió y el médico me dijo que no me preocupara, porque él era jefe de cirugía en el Hospital Central de Maracaibo y me dijo que nos la lleváramos al ‘Central’ y allí la tendría en observación por cuatro días, que él contaba allí con el equipo de médicos residentes que estaban haciendo su postgrado en ese hospital y para terminar de curarla. Esos cuatro días que comenzaron el 09 de julio, se convirtieron en dos meses. El médico me decía que mi esposa tenía una fístula por lo que me le enviaban a hacer estudios costosísimos en la Clínica Amado, en la Clínifa Falcón, en el Centro Médico La Limpia de lo cual tengo todos mis soportes y ninguno de esos exámenes arrojaba la tal fístula y él (médico) me alegaba que no se reflejaba en los estudios porque ésta era muy mínima, casi imperceptible. Yo gastaba entre 200 y 220 dólares diarios con mi esposa, porque en el hospital hay que comprar hasta los adhesivos. Él le suministraba a mi esposa Albúmina Humana y otros medicamentos costosísimos, allí pasamos todos esos meses y yo a veces sentía que es que el doctor tenía a mi esposa ahí para darles clases a sus alumnos y un día le dije ‘doctor, usted tiene a mi esposa aquí como una rata de laboratorio’ y yo no veo que mi esposa mejora ni usted me da una explicación de lo que está sucediendo».

 

III

«Mes y medio después, el me le hizo un estudio profundo a mi esposa de lo cual concluyó que a ella se le había cerrado la boca del estómago; entonces, primero fue la fístula, ahora se le cierra la boca del estómago es decir, que en vez de mejorar, ahora tiene dos condiciones. La respuesta, entonces del doctor, es revertirle la operación de manga gástrica y convertirsela en un bypass gástrico y para eso tuvimos que empezar desde cero con todos los gastos que ya habíamos hecho de la otra operación. El médico me dice en la Clínica San Lucas, que la operación iba a durar tres horas. Él entra con todo su equipo de médicos residentes, los mismos que estaban en el Hospital Central y entrò ahí a pabellón como a dar una clase y de esas tres horas de operación transcurrieron siete horas. Yo quiero aclarar aquí que no estoy señalando para nada a la Clínica San Lucas, porque, lo único que hace la Clínica San Lucas es alquilarle al médico el pabellón, el médico siempre fue el doctor José Prieto que la vio en el Hospital Central, pero, en la Clínica San Lucas sucedió algo que generó suspicacia en mí y es que una doctora intensivista de la Clínica San Lucas discutió con el doctor Prieto, una vez que culimina la operación y ella le insistía a él en que mi esposa ameritaba Unidad de Cuidados Intensivos (U.C.I) de emergencia y èl nunca la quiso pasar a U.C.I alegándome que lo que la Clínica San Lucas quería era sacarme dinero internándola en una U.C.I y mantenía la tesis de que mi esposa estaba bien y que la operación había resultado exitosa. Yo estaba dispuesto a pagar los 1.500 dólares que cuesta el día de U.C.I, pero el doctor Prieto insistió en que ella no ameritaba U.C.I, e insistió en llevárnosla de nuevo al Hospital Central alegando que en la San Lucas lo que me querían era sacar plata. Yo seguí al pie de la letra los lineamientos de mi médico, confiando en él. A mi esposa la operan el viernes 29 de agosto, pasó el sábado en U.C.I que yo pagué en la San Juan y el domingo 31 de agosto nos la llevamos al Hospital Central. La suben a piso y ese mismo domingo a las 6.00 de la tarde me llaman diciéndome que a mi esposa le había dado una crisis, que había entrado en crisis y cuando subo a la habitación tenía oxígeno y dos bolsas de sangre. Mi esposa, que nunca perdió el conocimiento me llegó a decir que se estaba ahogando y que le faltaban fuerzas hasta para alzar un brazo. El médico me tranquiliza diciéndome que esos son ‘residuos de la sangre, que no me preocupara’ pero yo le vi el drenaje y se le veía la sangre negra como coagulada, sin embargo, me dice que la va a bajar para Emergencia para que esté más monitoreada».

VI

«A las 5.00 de la mañana del día lunes 01 de septiembre, mi cuñada me llama toda angustiada por teléfono que a mi esposa le volvió a dar la misma crisis que el día anterior y cuando llamo al doctor éste me dice que la va a meter a pabellón porque la va a abrir para ver qué era lo que estaba pasando. Fueron dos cirugías que él le hizo por laparoscopia y ahora quería abrirla, una tercera cirugía. Cuando yo llego al hospital a las 5.00 de la mañana ya ella estaba en quirófano. El médico me pidió 14 bolsas de sangre y fueron pasando las horas hasta que a las 11.00 de la mañana una doctora me dijo que el doctor José Prieto me mandaba a decir que fuera buscando una U.C.I y me vino enseguida a la memoria aquella discusión en la Clínica San Lucas entre aquella doctora intensivista y este médico que ella le decía que mi esposa ameritaba una U.C.I. Al final, conseguimos, por intermedio de nuestro gobernador tawala (Luis Caldera) La U.C.I en el Hospital Coromoto y entonces voy a quirófano, le toco la puerta al doctor Prieto para informarle que ya tenía lista la U.C.I. Varias veces toqué la puerta de ese quirófano informando que ya la ambulancia estaba afuera, pero no recibía respuesta y como a la 1.00 de la tarde me llaman de quirófano, pero el que me atiende es otro médico y yo enseguida le pregunté por el doctor Prieto y éste me dijo ‘Él se fue’ Yo le insistí en que ahí estaba la ambulancia para trasladarla a la U.C.I y ese otro médico me dijo ‘Ella se nos fue’ y luego me dijo el mismo médico que el doctor Prieto le había dicho que como nosotros somos wayúu y él conocía nuestras costumbres autorizaba a que si nosotros queríamos llevárnosla que lo hiciéramos. En medio de mi tribulación yo informo a mis familiares y les digo ‘el doctor Prieto autorizó para que nos lleváramos a Keili…’ Cuando nosotros entramos a ese quirófano, estaban las batas médicas desechables y dos tobos de sangre y ella estaba solita ahí; ahí no había un solo médico ni una sola enfermera, el montón de residentes que siempre acompañaban a Prieto, ningúno estaba por todo eso. Nos abrieron las puertas del quirófano y nosotros la sacamos sin ningún problema, totalmente pacífico e inusualmente solo ese lugar, porque Prieto (el doctor) así lo autorizó, ahí no hubo enfrentamiento ni nada de lo que salió en la información satanizando los hechos».

Este es el relato textual e íntegro del señor Gerardo Nava sobre su versión de cómo ocurrieron los hechos que desencadenaron en la muerte de su señora esposa. El señor Nava y su familia denuncian públicamente al doctor José Prieto de esta irregularidad médica y rechazan contundentemente que Prieto, en medio de la operación que le estaba haciendo a la paciente, haya abandonado el recinto sin dar la cara, sin ofrecer explicaciones y dejando en manos de otro médico el informar sobre la muerte de la paciente.

Por otra parte, Nava afirma que, inocente de la irregularidad en la que, a su juicio, habría incurrido el doctor José Prieto y a sabiendas de que Prieto conocía su condición de wayúu, todavía pensó en la ‘buena fe’ del galeno en permitir que ellos retiraran del quirófano el cuerpo sin vida de la paciente sin el papeleo y los protocolos correspondientes que incluyen nada menos que una autopsia.

En video: Keilibeth González, durante atención médica

La indignación del señor Gerardo Nava y de toda su familia es que, de acuerdo con su versión, el doctor José Prieto, no solo abandonó el hospital «por la puerta trasera» sino que, hasta el sol de hoy, según estos denunciantes, no ha dado la cara, no responde llamadas, borró sus redes sociales y se encuentra totalmente ‘desaparecido’ declara el señor Nava.

El equipo de asesores legales del señor Nava están activados en ir dando los pasos correspondientes para establecer la responsabilidad punible, de existirla, y de que se haga justicia con la muerte de Keilibeth González González.

Asimismo, el señor Nava, acompañado de su familia desmiente rotundamente las versiones ofrecidas en la información que salió publicada el día 02 de septiembre en los medios de comunicación en la que se dijo que ellos habían «irrumpido en el quirófano de manera salvaje y grosera, con rabia e indignación» para llevarse de ahí el cuerpo a la fuerza.

Doctor José Prieto, médico tratante de Keilibeth González, señalado por su esposo Gerardo Nava

Las investigaciones se están adelantando. a la paciente se le está practicando su autopsia en Medicatura Forense y allí se revelará la causa de muerte de Keilibeth González.

Una familia wayúu, transita el dolor amargo de una pérdida intespectiva y trágica de una madre. Un hijo queda sin su madre y un esposo sin su mujer. Aquí están los hechos narrados de viva voz por el esposo de la paciente que desafortunadamente falleció en medio de una serie de eventos que tendrán que ser investigados por Criminalística (CICPC).

NAM/Equipo de Sucesos/Fotos: Suministradas por el denunciante

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