Sudamérica está experimentando un rápido crecimiento en su producción petrolera, proyectándose un aumento del 30% entre 2024 y 2030, lo que la coloca como la región con el ritmo más acelerado a nivel mundial, superando a Medio Oriente y a Estados Unidos.
Este auge se debe principalmente a grandes desarrollos en áreas como el presal marino de Brasil, el Bloque Stabroek en Guyana y la Cuenca Neuquina en Argentina, según la Agencia Internacional de Energía. Además, Surinam contribuye a compensar el declive de campos maduros en la región. La consultora Rystad estima que la producción pasará de aproximadamente 7,4 millones a casi 9,6 millones de barriles diarios.

Brasil lidera esta expansión y batió un récord de producción en junio, con casi cinco millones de barriles diarios, impulsado por su formación presal, una zona submarina rica en petróleo y gas. Guyana vive un auge desde el descubrimiento de yacimientos profundos en 2015, especialmente en el bloque Stabroek, operado por ExxonMobil.
Argentina también destaca por su formación Vaca Muerta, que alcanzó un récord de producción con un aumento interanual del 28% en la provincia de Neuquén, aunque su crecimiento dependerá de las inversiones en infraestructura, como un oleoducto que estará operativo en 2026.
Los expertos de McKinsey Energy Solutions proyectan que la producción petrolera sudamericana podría crecer hasta un 35% hacia el final de la década, con un incremento anual medio entre 4% y 5%, muy superior al promedio mundial del 1%.
Sudamérica, en su mayoría fuera del control de cuotas de la OPEP y con nuevos descubrimientos en desarrollo, se perfila como la región de más rápido crecimiento en petróleo y gas a nivel global.
Además de proyectos privados, empresas estatales como Petrobras en Brasil y YPF en Argentina invierten para expandir la explotación petrolera, especialmente en campos de aguas profundas como Búzios y en Vaca Muerta.
Este crecimiento petrolero genera críticas por parte de científicos y ambientalistas que exigen más inversión en energías limpias para enfrentar la crisis climática. El presidente brasileño Lula da Silva sostiene que los ingresos del petróleo son necesarios para financiar la transición energética, aunque esto es objeto de debate.

A pesar de las metas de reducción de emisiones y el auge de las energías renovables, la economía mundial enfrenta el riesgo de escasez de petróleo después de 2030 si no se descubren y desarrollan nuevos yacimientos. Esto aumentaría la dependencia de países como Arabia Saudita y otros miembros de la OPEP.
Por ahora, Sudamérica se consolida como una región clave para la producción petrolera global por la menor complejidad y costo relativo de extracción frente a otras zonas, especialmente con el declive de las cuencas de esquisto en Estados Unidos.
NAM/Pasante Johanys Solano Rodríguez
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