Ver nacer los tortuguillos y luego seguir sus pasos hacia el mar es un espectáculo único que la naturaleza ofrece y que puede disfrutar en las playas de La Sabana, en el estado La Guaira. Braulio Castillo y su grupo de protectores de las tortugas marinas ofrecen esta actividad, que más que elemento turístico es una forma de acercar a los humanos a disfrutar de manera responsable de lo que la naturaleza puede ofrecer.
Castillo reúne a niños, jóvenes y adultos, sean locales o turistas, para orientarlos en lo que representa la llegada a nuestras costas de estas especies, de las cuales cuatro, de las siete que existen en el planeta, podemos ver y hasta acariciar.
Una noche de velada en la arena es la primera aventura que se puede disfrutar cuando se sabe que llegará a la costa uno de estos quelonios. Por lo general, son de la especie cardón; pero también pueden llegar carey, verde y caguama, aunque son menos comunes en aparecer. Todos esperan pacientemente bajo la luz de la luna que aparezca un galápago, luego de hacer un recorrido de unos tres kilómetros por la costa de La Sabana. Se intercambian experiencias, se echan cuentos y los expertos orientan a visitantes sobre el comportamiento de los quelonios. Es noche de aprendizaje.
Al fin se aparece el animal y todos permanecen silenciosos cuidando su camino bajo la luz roja de las linternas. No están permitidos videos ni flashes porque las espantan. Las tortugas siempre regresan, algunas 30 años después, al lugar donde nacieron. Así que en esa playa arenosa cavan un nido con sus aletas, ponen sus huevos y los cubren con la arena y se marchan al mar.
Lo hacen varias veces entre marzo y octubre, que es la temporada de nidación de las tortugas marinas. Es allí donde los protectores inician su trabajo de rescatar esos huevos para llevarlos a un lugar seguro mientras pasan su período para eclosionar. Así los protegen de los depredadores humanos y animales.
Cuando eclosionan los huevos, es otro espectáculo de la naturaleza al llevar a climatizar a los tortuguillos, es decir, lanzarlos al mar. “No se habla de liberarlos porque nunca han estado presos”, advierte Castillo, quien con manos enguantadas los va sacando uno a uno y colocándolos en la arena a la orilla del mar. La climatización de los tortuguillos se hace a eso de las 6 pm o 6:30 pm cuando el sol ha bajado, esto con la finalidad de que las gaviotas no las vean, explica Castillo.
Es hermoso ver cómo corren los tortuguillos hacia la playa y la ola los arropa y se los lleva al mar. Una escena que nadie se debe perder.
NAM/Últimas Noticias
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