viernes 5 de junio de 2026

#OPINIÓN || «De cómo un cúmulo de maldades ha hecho crecer a la oposición || Dra. Carmen Rosa Blanco

Puede decirse, según lo documentado en diferentes autores, que el poder es un medio y un fin a la vez. Como medio se ejecuta cuando un individuo, o grupos, consiguen que otros (individuos o grupos) hagan o dejen de hacer lo que él quiere, es decir, se impone a los otros unas metas, una ideología o un modelo de organización, En este caso el poder es un medio.

Pero como lo que se quiere obtener es la obediencia, pasa a ser un fin. En este caso puede obtenerse mediante la coerción, es lo que se llama el poder coercitivo, aquel que utiliza la privación, la amenaza a la vida, a la integridad, la libertad o los bienes, por medio de la fuerza; algo que es contrario al poder persuasivo, que buscaría la unificación de las preferencias, el convencimiento, pero siempre buscando la obediencia.

En el escenario político venezolano de 2024, complejo, contradictorio y cambiante, donde se vislumbra un paso del autoritarismo a la libertad, mediante un cambio de gobierno, el poder del gobierno y del Estado está en plena ofensiva, que se expresa en la radicalización del control político y social, en forma totalitaria.

Esto es posible debido a la inexistencia, en nuestro país político, de la separación de poderes; éstos están al servicio del gobierno y del proyecto político iniciado en 1999., de  allí que se practica el abuso de poder, o de autoridad, como también se dice.

Observamos por todos los medios de comunicación venezolanos el ventajismo para favorecer una parcialidad política, lo cual es evidente hasta por los que no quieren ver. Los funcionarios públicos, valiéndose de su autoridad, o bajo presión del hegemón, orientan su accionar violando los derechos humanos (especialmente los derechos políticos) de quienes les adversan, eliminando sus derechos y garantías jurídicas, bajo la figura de la coacción y la violencia legal (multas, confiscaciones, detenciones arbitrarias, cierres de locales, desapariciones, cierre de avenidas y rutas, impedimentos para surtir combustible y pare de contar…) solo por participar o apoyar actos proselitistas.

Estas «maldades» y torpezas desesperadas, están surtiendo un efecto contrario al que buscan quienes las practican, pareciera que a la «psicología de la maldad» como que se le acabaron los argumentos.

Por otra parte, también se busca la obediencia, mediante una relación de intercambio (ganar/ganar). Quien obedece lo hace a cambio de algo, es una relación utilitaria tanto para quien manda, como para quien obedece.

En política, siempre se da una mezcla de los distintos  tipos de poder antes mencionados. Se trata de abuso de poder o de autoridad de quienes ejercen la función pública, es decir, aquella conducta basada en una relación de poder, no obstante, tal conducta está reglamentada en las leyes venezolanas.

Este abuso de autoridad, expresado en el lenguaje y en los hechos, está basado en una lógica de la dominación, en la imposición de un discurso oficial como única verdad, pero que de tanto repetirse por un cuarto de siglo, luce desgastado e increíble. A pesar de todo lo que se ve y lo que se piensa en Venezuela se ha optado por un cambio necesario y a pesar del hostigamiento, las trabas y amenazas, el efecto es un abono muy especial para el florecimiento de ese cambio que ha sido capaz de salir al paso a todas esas estrategias de maldad.

Para que no quede duda podemos nombrar algunas, que no son producto de la inventiva, sino que están a la vista, a diario se viven: Obstáculos en las avenidas y carreteras, talas de grandes árboles para colocarlos en las vías e impedir el paso, cierre de puentes, agresiones físicas y verbales, persecución y hostigamiento, cierre de locales comerciales grandes y pequeños, ataques con palos y piedras, amenazas a terceros, siembra de miedo e incertidumbre sobre el oponente, censura a los diversos medios de comunicación social (solo quedan las redes sociales y el periodismo digital), aplicación de la ley del odio, bloqueo de cuentas bancarias o imposibilidad de obtener pasaporte, acoso a familiares… ¿Conoce el lector otras que seguro se me escapan?

Ahora bien, ¿Para qué sirve todo esto? No se puede obligar a nadie a que nos quieran, eso ya pasó, murió la flor. Ya el espíritu de cambio se sembró en el lugar más seguro de cada venezolano: en el corazón. Por eso este cúmulo de maldades se ha convertido en abono para el florecimiento de la opción de cambio.

Lo más grave del asunto es que ante estas maldades y abuso de poder, estamos atados, no hay a quien acudir, porque como bien se sabe, en Venezuela no existe la separación de poderes. Pero todavía queda un intersticio y hay que pronunciarse y denunciar cuando nos hacen daño. Creo que pronto se recuperará la institucionalidad en Venezuela y todo aquel que abuse del poder, asuma su responsabilidad como lo establecen las leyes.

NAM/Carmen Rosa Blanco/Educadora

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