sábado 6 de junio de 2026

69 años del asesinato de «El candidato del pueblo» Jorge Eliécer Gaitán

Tras 69 años del fallecimiento de Jorge Eliécer Gaitán, caudillo liberal colombiano y líder político revolucionario, aclamado por Colombia como “El candidato del pueblo”, su historia sigue escuchándose en latinoamerica y el mundo entero.

Jorge Eliécer Gaitán se convirtió en un líder polémico que cautivó masas como nadie nunca lo había hecho, abandera la lucha contra el latifundio e interpreta el sentimiento y el entusiasmo popular valiéndose de una retórica hipnotizante durante sus discursos, usando frases sencillas pero contundentes que emocionaban a las multitudes con palabras repletas de sarcasmo y burlas hacia la oligarquía.

El 9 de abril de 1948, a la 1:05 de la tarde, Jorge Eliécer Gaitán salía de su oficina cuando Juan Roa Sierra, un joven esquizofrénico se acercó silenciosamente propinándole tres disparos por la espalda que acabaron con su vida inmediatamente.

Anteriormente, Gaitán había expresado a su pueblo que si le llegará a pasar algo «en este país no quedará piedra sobre piedra”, por lo que sus predicciones ciertamente fueron inequívocas.

Una vez conocida la noticia, las reacciones no se hicieron esperar, a tan sólo unas horas después del asesinato, Bogota ardía en llamas a causa de las multitudinarias manifestaciones de violencia y descontento popular que se extenderían a todo el territorio nacional y que perdurarían por más de un mes, cobrando un saldo de más de 3.500 vidas, ocasionando perdidas económicas aún hoy día incalculables, marcando así el periodo más violento y sangriento que Colombia haya conocido, en lo que la historia llamaría “El Bogotazo”.

«La oración por la paz» fue pronunciada el 7 de febrero de 1948, ante los colombianos que se habían reunido en la Plaza de Bolívar de Bogotá, convocados para la «Marcha del Silencio» contra el gobierno de Mariano Ospina Pérez, donde el aliento del lider del pueblo viajó más allá para arropar toda la violencia de Colombia y a todos aquellos seres de paz que en el mundo han escuchado el nombre de Jorge Eliecer Gaitán.

«Señor Presidente: Serenamente, tranquilamente, con la emoción que atraviesa el espíritu de los ciudadanos que llenan esta plaza, os pedimos que ejerzáis vuestro mandato, el mismo que os ha dado el pueblo, para devolver al país la tranquilidad pública. ¡Todo depende ahora de vos! Quienes anegan en sangre el territorio de la patria, cesarían en su ciega perfidia. Esos espíritus de mala intención callarían al simple imperio de vuestra voluntad.

Amamos hondamente a esta nación y no queremos que nuestra barca victoriosa tenga que navegar sobre ríos de sangre hacia el puerto de su destino inexorable.

Señor Presidente: En esta ocasión no os reclamamos tesis económicas o políticas. Apenas os pedimos que nuestra patria no transite por caminos que nos avergüencen ante propios y extraños. ¡Os pedimos hechos de paz y de civilización!

Nosotros, señor Presidente, no somos cobardes. Somos descendientes de los bravos que aniquilaron las tiranías en este suelo sagrado. ¡Somos capaces de sacrificar nuestras vidas para salvar la paz y la libertad de Colombia!

Impedid, Señor, la violencia. Queremos la defensa de la vida humana, que es lo que puede pedir un pueblo. En vez de esta fuerza ciega desatada, debemos aprovechar la capacidad de trabajo del pueblo para beneficio del progreso de Colombia.

Señor Presidente: Nuestra bandera está enlutada y esta silenciosa muchedumbre y este grito mudo de nuestros corazones solo os reclama: ¡que nos tratéis a nosotros, a nuestras madres, a nuestras esposas, a nuestros hijos y a nuestros bienes, como queráis que os traten a vos, a vuestra madre, a vuestra esposa, a vuestros hijos y a vuestros bienes!

Os decimos finalmente, Excelentísimo señor: bienaventurados los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar sentimientos de rencor y exterminio.

 ¡Malaventurados los que en el gobierno ocultan tras la bondad de las palabras la impiedad para los hombres de su pueblo, porque ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la historia!».